XIX-XII
Mirarnos a los ojos, ser libres de palabras, aunque nos condenemos a rompernos una y otra vez.
Reconstruirnos, reírnos, soñar, cogernos, sentirnos.
Aprender que la vida duele, que la vida gime, que la tristeza es natural, que la tristeza existe.
Ser libres de palabras aunque nos condenemos a enamorarnos, aunque seamos rectas tangentes
que,
se juntan coincidiendo en sentimientos
y después,
quizás,
vuelvan a juntarse
en cualquier semáforo, en cualquier tienda, en cualquier parque
a años luz de todos aquellos sentimientos.
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