XXVI-X
Me acuerdo de tu sonreír, y solo puedo ser aire, deshacerme
en el lado derecho de nuestra cama y jugar a no tener nombre.
Me acuerdo de tu ombligo, y juro que solo puedo pensar que
ese es el verdadero kilómetro 0, que ahí empieza todo, que ahí acaba todo.
Me acuerdo de nuestras manos enredadas, de mi pelo enredado,
de nuestras lenguas enredándose, de nosotros desenredándonos encima de la mesa,
de la ducha, de la cama.
Me acuerdo de tus ojos rompiendo olas, pidiendo perdón,
pidiendo más, siendo sinceros, siendo tristes, llorando y alegres.
Me acuerdo de tus gemidos, de tus gritos, de tus placeres,
de tus manías, de tus tristezas, de los 28 escalones hasta tu puerta, de tu
timbre estropeado, de tus pájaros en la cabeza, de como de golpe aparecía en tu
cama y desaparecía la ropa, de cómo hacíamos primavera, mientras el otoño nos
regañaba por ir tan frescos.
Me acuerdo de mis medias rotas, de tus labios cortados, de
tu olor a café por la noche, cuando aún teníamos exámenes, y seguíamos a
prueba.
Me acuerdo de cómo nos quisimos y como nos odiamos. Me
acuerdo de todos nuestros ojalas, de todas nuestras colecciones. Me acuerdo del
primer momento en el que te vi, con tus pantalones rotos, con mis ganas de
volver a vivir. Y vivimos, y soñamos, y amamos.
Me acuerdo de tu adiós , y de como lloré, de como bebía, y de como
volviste.
Pero no, yo ya no volví. Yo ya no podía volver.